Descripción

Los sacrificios humanos


Los relatos más minuciosos sobre los ritos de sangre maya provienen del Período Postclásico. Entre ellos, la escena de la extracción del corazón de un guerrero para ofrecerlo a los dioses.

Los jóvenes guerreros pertenecientes a las élites enemigas eran las presas más codiciadas. En el caso de capturar a un gobernante, o a un jefe principal, la víctima era reservada para ser decapitada durante una ceremonia especial.

A la inversa, cuanto más alejado fuese el pueblo de un cautivo, geográfica o culturalmente, los mayas lo despreciaban para el sacrificio. Al decir de Todorov, las víctimas preferidas debían ser, simultáneamente, extranjeras y cercanas.


Los métodos de inmolación eran diversos. Durante el Período Clásico se puso en práctica el descuartizamiento, realizado en ocasiones durante el juego de pelota.


El Templo de los Jaguares y de los Guerreros en Chichén Itzá fueron ámbitos privilegiados para la práctica de los sacrificios humanos.


Los cronistas españoles describen el equipamiento de los sacerdotes: resina de copal para utilizar de sahumerio, pintura negra, y cuchillos sacrificiales.


Según el pensamiento maya, los ritos eran imprescindibles para garantizar el funcionamiento del universo, el devenir del tiempo, el paso de las estaciones, el crecimiento del maíz, y la vida de los seres humanos. Los sacrificios eran necesarios para asegurar la existencia de los dioses, reponiendo su consumo periódico de bioenergía.


El juego de pelota


Los putunes y los toltecas habrían sido los difusores de la práctica entre los mayas.


Simbólicamente, la cancha en forma de hache hacía de acceso al inframundo. En el campo de juego los jugadores podían retar a los dioses de las tinieblas, enfrentarse con ellos, y vencer a la muerte.

Aunque la cantidad podía variar, los equipos solían integrarse con siete jugadores cada uno. Las dimensiones de la cancha no eran las mismas en todas las ciudades. La más grande es la de Chichén Itzá, y mide 140 x 35 metros. Dos muros inclinados a cada lado del campo hacen de límite. Los jugadores debían impactar la pelota en alguno de los tres discos de piedra distribuidos en el campo, o en los aros del mismo material suspendidos de las paredes, en forma perpendicular a un aro actual de básquet.

La pelota era de caucho, sumamente pesada y dura. Medía aproximadamente 20 cm. de diámetro. El análisis de la momia de un príncipe maya permitió saber que había fallecido por la rotura del esternón, fruto de un golpe brutal con la pelota. Esta podía ser golpeada con los codos, la cadera y las rodillas. Generalmente, el partido concluía cuando alguno de los equipos marcaba el primer gol.

El capitán del equipo victorioso alcanzaba el honor y la gloria, y podía ser ofrendado a los dioses.

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